Ya volví de Cusco donde disfruté el asombroso aporte que la cultura Inca le dejó a la humanidad. Se trata de una ciudad en la que a cada paso se vive un marcado contraste entre lo nuevo y lo antiguo, entre el futuro y el pasado.
Sin pretender hacerme el poeta, lo que quiero remarcar con mi comentario es la existencia, casi en cada cuadra de la ciudad, de un acceso público a Internet (o lo que nosotros llamaríamos locutorio o caber-café). Esto permite que cualquier turista o simple residente de esta ciudad acceda a la Web y, por ende, que esté totalmente conectado con lo que pasa en el mundo (sin ir más lejos, así me mantuve yo conectado con Ale y me enteré de la asombrosa nevada en Buenos Aires, hecho que no sucedía desde hace casi un siglo).
Lo que quiero remarcar es que si bien el paquete turístico que contraté (ticket aéreo, excursiones y alojamiento) lo hice a través de la Web, no esperaba encontrarme con una ciudad tan conectada. De hecho, lo que muestra la foto con la que encabezo el post, no se refiere a un hecho aislado en Cusco (construcciones muy antiguas con carteles promocionando acceso a Internet), sino una constante a lo largo de toda la ciudad.
Vamos ahora a lo realmente irónico (y al mejor estilo Ale, la sumo a Alanis Morissette para que le ponga música al post). Antes de regresar a Buenos Aires me tocó pasar varias horas de espera en el aeropuerto de Lima desde donde yo esperaba poder conectarme muy fácilmente a Internet y así ganar tiempo y adelantar trabajo que tengo pendiente.
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